Somos la comunidad indígena rarámuri y ódami de Coloradas de la Virgen, junto con la comunidad rarámuri de Tatawichi. Defendemos nuestro bosque, nuestra memoria y nuestro derecho a gobernarnos, frente al despojo y al desplazamiento forzado.
No somos una oficina que habla por la comunidad. Somos la comunidad que habla por sí misma.
El Colectivo Enlace Tarahumara nace de las bases y de las autoridades tradicionales de Coloradas de la Virgen y de Tatawichi, en lo alto de la Sierra Tarahumara. Nos une un mismo territorio, una misma forma de gobernarnos y una misma decisión de no abandonarlo.
Entre nosotros la justicia no la dicta una sola persona. La decide la comunidad reunida: el gobernador convoca, y la gente decide. Quien comete una falta repara el daño trabajando para la comunidad, juntando madera o arreglando un camino, y vuelve con consejos. Esa forma de hacer justicia, deliberada y reparadora, es lo que estamos defendiendo.
Llegamos a esta lucha no como víctimas que piden, sino como un pueblo que se gobierna a sí mismo.
El territorio no es la parcela donde uno siembra. Es todo lo vivo que nos sostiene y nos obliga.
Donde corre el río, donde están los aguajes, donde pastoreamos, danzamos y corremos. No somos dueños del árbol, del agua ni del aire: la madre tierra los está dando, y nosotros formamos parte de ella.
La obligación de tender la mano. Quien llega a una casa recibe pinole, maíz, frijol. Es la red que sostiene a quien le faltó la cosecha, y la primera cosa que el despojo intenta romper.
Correr el monte es, entre nosotros, como una misa. El bosque que filtra el agua y limpia el aire es el mismo que nos enseña a vivir. Defenderlo es defender la vida.
Durante décadas, un cacicazgo armado ha querido convertir nuestro bosque en mercancía y a nuestra gente en sobrante.
En Coloradas de la Virgen el despojo tiene nombre y tiene historia. La tala ilegal de nuestros pinos, el control del territorio por la fuerza de las armas y la complicidad de las autoridades han empujado a familias enteras fuera de sus ranchos. Es lo que llamamos desplazamiento forzado: salir de noche, por el monte, llevando a los hijos, sin saber si se podrá volver.
No es una violencia reciente ni venida de fuera. Es el avance de un mismo poder que mata, tala y desplaza, y que se sostiene porque la justicia, cuando funciona, suele funcionar para quien puede pagarla.
Quienes han defendido el bosque lo han pagado con la vida. Y aun así la comunidad no se ha rendido: sigue organizándose, ahora con sus jóvenes y sus autoridades tradicionales juntos, para vigilar su territorio, registrar lo que ocurre en él y defenderlo con sus propios medios.
Lo que está en juego no es solamente un patrimonio. Es una manera de ser pueblo en relación con una tierra viva, que no cabe en los metros cuadrados con que un tribunal mide la propiedad.
Lo que ha pasado en nuestro territorio, contado por nosotros mismos.
Esta es la memoria reciente de Coloradas de la Virgen, tal como la escribieron las y los compañeros de la comunidad.
El gobernador indígena Guillermo Baldenegro y su familia son desplazados de la comunidad, tras recibir amenazas de muerte y el asesinato de un cuñado.
Nos reunimos en Sisoguichi con reporteros y defensores de varias comunidades, y presentamos en Creel los mapas elaborados por los compañeros de Coloradas, para que otras comunidades conocieran el despojo que vivimos.
Asesinan a Eduardo Molina López, comisario de policía de la comunidad.
Asesinan a Dionisio Carrillo Valenzuela, gobernador indígena y médico tradicional de la comunidad, junto con su nieto de cinco años. La denuncia que presentamos quedó sin investigación.
Denunciamos ante la PROFEPA la tala ilegal del bosque. La tala se detuvo cerca de tres meses y después se reanudó. Hasta hoy no ha cesado.
Presentamos un amparo para intentar frenar la tala del bosque y proteger lo que queda de nuestro pinar.
Trabajamos para constituirnos como colectivo y solicitar los recursos que sostengan, desde la comunidad, la defensa de nuestro territorio.
A nuestros defensores los mataron. Su lucha no la pudieron matar.
Coloradas de la Virgen ha enterrado a sus defensores y ha seguido de pie. Llevamos sus nombres porque la memoria también es territorio.
Seguimos cuidando lo que ellos cuidaron.
Pasar de ser un pueblo del que otros hablan, a un pueblo que se defiende a sí mismo.
Acompañamos la defensa legal y pública de las tierras y bosques de la comunidad, sostenidos en nuestras autoridades tradicionales y en el derecho de los pueblos indígenas a decidir sobre su territorio.
La propia comunidad vigila su bosque: la tala ilegal, los daños al territorio, las amenazas. Con monitores formados desde la comunidad y con sus propias herramientas, para ver y registrar lo que ocurre en casa.
Que la información sobre nuestro territorio la tengamos y la decidamos nosotros. Durante años, otros documentaron lo que nos pasa. Esta es la decisión de registrar, resguardar y decidir, sin intermediarios, sobre la información de nuestra propia tierra.
Sostenemos a quienes el despojo expulsó del territorio, manteniendo viva la relación con la comunidad, la memoria de lo perdido y la posibilidad de un retorno digno y seguro.
Buscamos aliados que respeten que las decisiones son de la comunidad. Solidaridad, no tutela. Si tu organización, fondo o colectivo quiere acompañar este proceso, hablemos.
Escribe al colectivo.
Cuéntanos quién eres y cómo te gustaría caminar con este proceso. Los mensajes llegan directamente a la comunidad.